La experiencia ya no garantiza ventaja
Durante mucho tiempo, la experiencia fue un activo incuestionable.Más años significaban más criterio, más seguridad, más valor. Haber “pasado por todo” era una ventaja competitiva en sí misma. El sistema estaba diseñado para premiar la acumulación progresiva de conocimiento y la repetición eficiente. Ese supuesto ha empezado a romperse. No porque la experiencia no importe, sino porque el contexto en el que se adquiere cambia más rápido que la propia experiencia. Y cuando eso ocurre, los años dejan de ser un multiplicador automático. La experiencia siempre ha sido memoria aplicada.El problema aparece cuando el presente deja de parecerse al pasado










